sábado, 18 de febrero de 2012

Simplemente, necesitas pensar.

Esa sensación de sentir que tu cabeza quiere explotar, que ya no sabes que pensar, que en tus oídos suenan las últimas palabras pronunciadas, que sientes una sensación de querer llorar y ni si quiera poder. Sabes que debes decidir algo, pero cuanto más lo piensas, menos soluciones ves, sabes que le quieres, sabes que nada a cambiado, pero por dentro no sientes lo mismo. Hay un sentimiento que te dice, que no mueras, que revivas, y otro que te dice que caes en la rutina. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

Una simple mentira, no sirve.

Y duele, duele tener que poner una sonrisa que no sale sola, cada vez que tienes ganas de llorar, duele tener que mostrar otro estado de ánimo, del que de verdad sientes, ¿y, es que acaso alguien te obliga a sonreír? No, al menos yo no soy capaz. No puedo decir que estoy bien, seguido de un ¿qué tal? Quizá sea que no se mentir, pero no puedo, no; estoy harta de tener que decir que sí, que todo va bien, que mi vida es perfecta, que no sufro, que no duele cada palabra, harta de tener que esconder mis lágrimas, cuando de verdad solo necesito expulsarlas, y que la gente vea que a veces por mucho que lo parezca, la vida no es de color de rosa, estoy harta de tener que decir que solo me "duele la tripa" cada vez que lloro, o de que no me pasa nada, cuando una lágrima recorre rápida mi cara, no puedo seguir mintiendo, se que soy así, lloro cuando considero que debo hacerlo, quizá demasiadas veces, pero no pienso volver a sacar una falsa sonrisa cada vez que quiera llorar, o necesite explotar, solo tienes que apartarte, no quiero que te salpique, no. 

lunes, 6 de febrero de 2012

No.

Y sí, lo reconozco, ni soy perfecta, ni me acerco a esta palabra, pero tampoco pretendí serlo nunca, no es mi meta, nadie es perfecto, además nadie dijo como tenían que ser las cosas, jamás leí un manual en el que vinieran instrucciones acerca de actos que estén bien y actos que no lo estén, se que hago a menudo cosas mal, puede que demasiadas veces, pero nadie me enseñó jamás a levantarme, y a veces, confiar en alguien me ayudó a darme cuenta, de que yo, soy de esas que tropiezan con la misma piedra, no ni una ni dos, mil veces. Cuando caigo quiero levantar, pero date cuenta de que hay cosas que te hacen resistencia, a pesar de ésto tienes que oponerte, sacar tus fuerzas, tú máxima energía y decirle al mundo que no solo puedes, si no que vas a hacerlo.