It's now or never
Escupo palabras, aparta si no quieres que te salpiquen.
martes, 9 de octubre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
Ni yo puedo entenderlo.
Todo cambia, nada muere. Ha llegado un punto en el que ni yo sé cómo estoy. Ni cómo me encuentro. Ni qué es por lo que todas las mañanas me bajo de la cama no el pie derecho. Ni qué decir cuando me preguntan '¿qué tal?'. Ni qué sentir cuando me sonríes. Ha llegado un momento en el que mi cabeza ha entrado en un caos. En un lío de millones de imágenes, números, letras, fechas, que luchan por ganar el mayor tiempo posible de ocupación en mis sueños. Es el momento en el que si hubiese que correr hasta llegar a un punto en el que sólo un puñado de personas se salvasen, mis extremidades inferiores no responderían. El momento en el que la razón y el corazón no dejan la batalla en tablas. Siempre quieren más y más, y más. Hasta que un día alguno de los dos abandone, y, o mi corazón acabará roto, o la idea de pensar que por coherencia perdí lo que más quería me ametrallará. Ha llegado el momento en el que me siento como si el cuchillo estuviese rozando las venas. Como si el sudor estuviese llegando a su fin y las lágrimas cayesen sin saber a dónde van. Siento que me estoy consumiendo poco a poco, lentamente. Y qué quieres que te diga, no tengo claro qué haré mañana por la tarde, ni que comí antes de ayer pero lo que sí que tengo claro, es que prefiero apagarme a consumirme lentamente.
jueves, 9 de agosto de 2012
"Love is touch, touch is love".
sábado, 14 de julio de 2012
Llorar ya no sirve.
Auriculares. Música alta. Muy alta. Más alta. Pero nada. No puedes conseguir evadirte. Tus pensamientos, cuánto más alta suena la música, más chillan. Y cierras los ojos. Y por un segundo, crees que podrás dejar de pensarlo, pero de repente millones de recuerdos pasan por delante de tus ojos, aún cerrados, una sucesión de recuerdos plasmados en papel, una película de momentos, de colores, de sabores, de olores, pasa por tu mente. Y respiras muy fuerte, tan fuerte que cuando quieres dejar el aire, cuesta. Abres lo ojos, pero, inevitablemente una gota dulce y vergonzosa, baja lentamente rozando tu piel, tus mejillas aún rojas, y notas la dulzura, el frío de esa gota que acaricia tu piel, fina y suave. Y produce en ti, un escalofrío. Estremeces. Sientes que por un segundo te haces muy pequeña, casi imperceptible, sientes que dejas de existir. Mueves tu pelo, restriegas tus puños cerrados por tus ojos con delicadeza. Efectivamente, llevas dormida dos horas. Te incorporas. Notas tus mejillas secas, las lágrimas habían dejado marca. Lo piensas por última vez, y notas que vuelve esa película de recuerdos. Pero ya no duele. Ya no hace daño. Y ahí, sólo ahí, sabes que así tiene que quedar. Sin darle más vueltas comprendes, que si así es, así debe ser.
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