domingo, 4 de marzo de 2012
Hasta que llega ese momento.
Y tienes esa impotencia, el saber que ya no puedes más, que algún momento próximo explotarás, sacarás toda tu ira, todo lo acumulado, y, por desgracia ese momento llega, te sientes con agonía, sabes que quieres llorar, irte, ponerte los cascos y aislarte, pero en ese momento no puedes, y explotas, sacas toda tu tristeza, toda tu rabia, puede que con quien no debías, puede que con la indicada, no lo sabes. Pero sabes que eso no puede seguir así, estás harta de siempre tener que callar, callar y tragar, hasta que un día, devuelves todas las palabras que en su momento te tragaste, esos malos tragos, y dejas claro que no puedes más, crees que has llegado al máximo, y escuchas esas palabras que tanto duelen, las de siempre, sin embargo ¿yo? Yo tengo que callar, no decir nada y a otra cosa mariposa, pero estás harta de que esto sea así, de que se haya convertido en un ámbito, que siempre pronuncie las mismas palabras que se te clavan, y no puedas decir nada, te priven de palabra, y sin embargo tú tienes que seguir comiendo todo, y no poder decir lo que realmente sientes, y te sientes sola, vacía, sin ayuda alguna, pero tienes que seguir callando, no puedes decir tu opinión, por miedo a, ese es el problema, ¿por miedo a? A algo, quizás a alguien, pero tienes claro que esta vez no será igual, ya estás harta de siempre callar y tragar, igual tengo que hablar y soltar. Solo decirte que no, que no siempre tienes tú la razón de todo, por mucho que la quieras, y esta vez no será igual.
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