Y escuchas los gritos, no se dan cuenta de que aquellas palabras se te clavan en los oídos, no se dan cuenta de que duele oírlas, un portazo colma el vaso para que tus lágrimas se deslicen por tu cara, sientes rabia, ganas de explotar, de salir, de llorar, de saltar, de volar, ganas de descargar tu rabia con algo o alguien, lloras tras una canción que te destroza. Piensas que se te pasará pero día tras día siguen los gritos, los portazos y las discusiones, piensas que todo irá a mejor, y lo único que hace es complicarse, son egoístas, no se dan cuenta en el daño que producen sus palabras, sus gritos, sus insultos, que te duele recordarlos, que se quedan en tu mente como si los revivieras segundo a segundo. Tus cascos reproducen tu canción favorita pero no te das cuenta, no la escuchas, solo la oyes, y escuchas de fondo lloros, y gritos, tus ojos se cierran, sollozas y vuelven a caer lágrimas.
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